88. Disparos
La puerta se abre, lo que hace que casi salte. Me saca de mis pensamientos y me trae de vuelta al mundo real. Lucas entra corriendo en la habitación con las mejillas grandes, rojas e hinchadas. Lleva una corbata en la mano derecha y su traje está terriblemente abotonado.
—Mami, no quiero usar esto … ¡me pica!—Se queja, pisoteando sus pies.
Suspiro mentalmente, acercándome a él. Me agacho a su nivel, tomando la corbata de su mano.
—Sé que pica, también mi vestido. Pero hazlo por compromiso…¿Re