Deirdre estaba aturdida. Brendan la revisó y descubrió que una manta cubría sus piernas, por lo que su mente se tranquilizó. Mientras tanto, acababa de darse cuenta de que tenía escaldada una parte de la piel del brazo.
Por suerte, la sopa de pollo no estaba hirviendo, pero sí lo bastante caliente como para hacerle daño. Fue a lavarse la herida con agua fría a la cocina.
Deirdre apretó los puños con fuerza. Al contemplar la figura borrosa, su mirada confusa se tiñó de un tinte de culpabilida