Brendan se despertó con un dolor de garganta y el cuerpo pesado como el plomo. Unas sacudidas de frío y calor recorrieron sus venas, dándole la idea de que podía tener fiebre. La última vez que había estado así de enfermo había sido un año atrás y Brendan tenía una ligera idea de dónde estaba el botiquín.
Deirdre lo había colocado en el armario cerca de la cabecera.
Tosió y abrió de un tirón la puerta del mueble. Cada frasco de medicina tenía una nota adhesiva con garabatos sobre la dosis y