"¡Cállate!", bramó Brendan con todas sus fuerzas. Su herida vibró con su gruñido, haciéndolo gritar al mismo tiempo por el agudo dolor.
La vista se le nubló y las rodillas se le doblaron.
¿Su coche había caído al mar? ¿Había muerto?
¡Imposible! ¡Eso era una locura! ¡Estaba tan viva ayer, cuando maldijo su nombre, dejó claro cuánto le disgustaba y gritó que quería vengar a su madre! ¡Había estado tan viva cuando deseó su muerte! Y ahora... ¿su destino era incierto repentinamente?
La visión