Deirdre se retorcía a pesar de que la sujetaban mientras gemía ininteligiblemente. Brendan se dio cuenta de lo que le ocurría y descolgó el teléfono, olvidando su dolor mientras gritaba: "¡Paren! ¡Le están haciendo daño!".
Los policías se encontraron con sus ojos y aflojaron el agarre, haciendo que Deirdre cayera al suelo. Sus ojos estaban desenfocados, como si la magnitud de su dolor le hubiera impedido prestar atención. "Eres muy despiadado, Brendan. Se te da muy bien, ¿verdad?", balbuceó ent