Era como si él estuviera utilizando aquella acción frenética que le salía del fondo del corazón para decirle algo.
A Deirdre se le doblaron las rodillas y apoyó la cabeza en el pecho del hombre. No podía verlo, pero sentía los latidos acelerados de su corazón.
"Deirdre". Antes de que ella pudiera decir algo, la voz del hombre se volvió ronca y sus finos labios ya se estaban acercando poco a poco a su oreja. Le preguntó con un tono implorante: "¿Puedo?".
La respuesta a la pregunta de Brendan