El mensaje llegó un jueves.
Ella estaba en su escritorio cuando llegó, a media mañana, de la manera ordinaria de los mensajes que resultaban no ser ordinarios en absoluto: el teléfono boca arriba junto a su teclado, el zumbido, la mirada, la lectura de este con la atención casual de alguien que no había estado esperando nada específico.
-Debemos reunirnos. Hay cosas que tenemos que discutir. Sábado, mediodía. Enviaré la dirección.-
Lo leyó dos veces.
Luego dejó el teléfono y miró su pantal