La oficina hacía tiempo que había quedado en silencio, pero el aire dentro del espacio privado de Diego Diablo seguía cargado, como algo inconcluso que permanecía entre dos personas que se negaban a reconocerlo.
Bianca estaba de pie cerca del borde de su escritorio, brazos ligeramente cruzados, fingiendo concentrarse en los documentos esparcidos frente a ellos. Diego estaba sentado enfrente, mangas ligeramente remangadas, corbata aflojada lo suficiente como para hacerlo parecer menos un CEO y m