Dos semanas habían pasado como un extraño borrón—suaves en la superficie, pero afiladas por debajo, donde Bianca guardaba todos los bordes de sus planes.
Había dejado de fingir que era simple.
No lo era.
Equilibrar a Logan, Diego y Alonso se sentía como caminar sobre una cuerda floja encima de un fuego que cambiaba de dirección constantemente. Cada uno la jalaba hacia una versión distinta de sí misma, y ninguno le dejaba espacio para respirar. Pero lo que más la inquietaba no era el equilibrio