ISABEL
—Apenas has tocado la comida.
Alberto me miraba desde el otro lado de la mesa, el tenedor apoyado en el borde del plato, con la expresión que usaba cuando quería parecer preocupado sin comprometerse a estarlo de verdad.
—Almorcé tarde —murmuré—. El editor nos retuvo más de lo planeado.
—¿Otra vez? —Tessa alcanzó el vino y se sirvió una segunda copa sin ofrecerme antes—. De verdad te están agotando con lo de la adaptación.
—Es parte del oficio —dije agradablemente.
Se había ido dos días a