Amelia
El cumpleaños de mi mamá se acercaba y ya había decidido que le regalaría algo especial. No importaba lo apretadas que estuvieran las cosas, no podía dejar pasar el día sin hacer algo por ella. Se merecía mucho más de lo que yo podía permitirme. Esa mujer me había cargado toda la vida, había criado a mis niñas como si fueran suyas y nunca se había quejado ni una sola vez. Si alguien merecía un regalo de un millón de dólares, era ella.
Entré en una de las joyerías más caras de la ciudad.