Adele
—¿Espera… ustedes dos son gemelos? —pregunté, moviendo los ojos de uno al otro con incredulidad.
Se veían exactamente iguales. Misma altura, misma complexión. Incluso el color de sus ojos era idéntico. Si no estuvieran uno al lado del otro, habría jurado que eran la misma persona.
El otro hombre soltó una risita suave.
—Claro que somos gemelos, cariño —dijo con naturalidad, dedicándome una sonrisa encantadora.
Tragué saliva y forcé una sonrisa educada.
—Pues, un placer conocerte, señor… —