Vuk POV
El día que el lobo se arrodilló
Me desperté antes del amanecer, la villa en silencio salvo por el zumbido bajo del Danubio muy abajo.
El otro lado de la cama estaba frío. La tradición —superstición serbia— decía que el novio no podía ver a la novia antes de la iglesia. Odiaba la tradición cuando me mantenía alejado de ella.
Por primera vez en años, me temblaron las manos al abotonarme la camisa.
No era miedo a las balas o a las salas de juntas. Era miedo a esto: entregar mi nombre, mi vida, mi futuro a una sola mujer delante de Dios y de todos los enemigos que había tenido jamás.
Miloš entró sin llamar, Luka detrás con café negro y la bolsa del traje ceremonial.
—Mírate —sonrió Miloš, tirándose en el sillón—. El gran Vuk Marković, nervioso como un virgen en su noche de bodas.
Le lancé una mirada que habría hecho mearse a hombres menores. Él solo rio.
—Cállate y ayúdame con los gemelos.
Luka me dio el café. Miloš tomó los gemelos de ónix grabados con el escudo familiar: cabezas