James acarició sus mejillas sonrojadas ― No debí haberte hecho eso. De hecho, desde el momento en que dejaste a la familia King, lo lamenté.
Astrid levantó los ojos, como si luchara por escuchar sus palabras claramente y ver su rostro con claridad, pero fue en vano. La embriaguez paralizante le dificultaba distinguirlo, y solo podía percibir vagamente todo.
Ni siquiera estaba claro si era real o estaba soñando.
―Trabaje con hombres guapos … pero… solo quiero a James… Aunque sea un gilipollas.