295. Barco de carga
295
El vestido rojo abrazaba cada curva de Julieta como una segunda piel, deteniéndose justo en sus rodillas, resaltando su figura con una elegancia peligrosa. Esta noche estaba deslumbrante, pero más allá de su belleza, lo que llamaba la atención era la determinación que ardía en su mirada.
Marcelo la observó con el ceño fruncido, cruzando los brazos. Ya la consideraba familia después de todo lo que habían pasado, y no podía evitar preocuparse.
—¿Estás segura de que puedes hacer esto? —preguntó