263. Libre cautiverio
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Isabel estaba nerviosa, tamborileando los dedos contra la mesa mientras esperaba que su abogado terminara de revisar los documentos. Finalmente, él levantó la mirada y habló con calma:
—Tengo buenas noticias, señorita Isabel. El señor Callum Rutland no va a presentar cargos en su contra —le cuenta el abogado. Su trabajo fue corto y preciso e igual cobraría.
La tensión acumulada en su pecho pareció desvanecerse de golpe. Isabel soltó un suspiro de alivio, aunque su expresión seguía siendo