El invierno en Sherón era seco y desolado. Además, hoy no había salido el sol, todo parecía estar envuelto en una capa de neblina poco real.
Cira miró hacia lejos, una fila de lápidas erguidas, representando una soledad peculiar. Su voz fría se dispersó en el aire.
—Si dices que no es así, entonces no lo es. En resumen, he dejado claro lo que tengo que decir. Cuídese, tía.
La señora Vega frunció ligeramente el ceño: —Siempre siento que tienes un profundo malentendido hacia mí... ¿Morgan te dijo