Fermín arqueó una ceja, sin dudarlo dijo: —Por supuesto, eres mi hermana.
—Recuerda lo que dijiste hoy.
Estela colgó el teléfono, y Fermín miró su teléfono con enojo y diversión. ¿Quién se atrevería a intimidarla?
Sus tíos solo tenían una hija, y Estela era su tesoro. La amaban tanto como al aire que respiraban. Cualquiera que se atreviera a hacerle daño tendría que enfrentar un precio doloroso.
...
Al atardecer, después de salir del trabajo, Cira caminaba hacia la estación de metro mientras rev