Cira conocía muy bien a Morgan, por lo que sabía que su estado de ánimo era terrible en ese momento.
Tan mal que incluso estaba enfadado.
De hecho, Morgan rara vez se enfadaba de verdad; a fin de cuentas, su estatus le concedía todo lo que deseaba, y no había nada que valiera la pena enfadarlo. Si algo le molestaba, bastaría con dar una orden y alguien se encargaría de ello.
Pero esta era una de esas pocas veces.
Cira trató de mantener la compostura y lo llamó: —Señor Vega.
Morgan se acercó, la