Cira saludó cortésmente: —¿Andas de compras sola?
La señora Vega tomó su mano con cariño y la miró detenidamente, quejándose: —No has vuelto a casa para comer en más de un mes. Me pareces más delgada. ¿Qué te pasa? ¿Estabas enferma?
Cira, con una expresión de disculpa, respondió: —He estado ocupada últimamente.
La señora Vega se mostró preocupada, suspiró y dijo: —Pero si hubieras venido en este tiempo, me temo que tampoco habríamos podido atenderte correctamente.
—¿Pasó algo?
—Es por Morgan y s