Luis giró inmediatamente la cabeza.
Tras una pausa, se rascó detrás de la oreja y levantó la vista hacia él: —Morgan, ¿tú y la secretaria López... se han reconciliado?
Morgan sostenía un vaso de cristal, con la base apoyada en la palma de su otra mano, y respondió con un tranquilo sí.
Luis preguntó: —Entonces, ¿por qué...?
La mirada de Morgan se endureció por un instante.
Luis detuvo su pregunta.
Pensando un poco, como si hubiera entendido, soltó una risita y se recostó casualmente en el respald