—¡Arrodíllate!
Cira levantó la cabeza bruscamente.
Por un momento, no estaba segura si Aurora estaba diciendo eso en un arrebato de preocupación e impulso, o si realmente lo decía en serio.
El salón se volvió inexplicablemente silencioso; nadie hablaba, solo la mirada de reproche de Aurora presionaba a Cira, como si ese silencio estuviera esperando que ella se arrodillara.
Con tacones altos y parada en la alfombra gruesa y suave, Cira ya se sentía inestable, sin mencionar que ahora se sentía mal