Traición de cumpleaños

Es mi vigésimo cumpleaños.

Me despierto y me digo una cosa.

Este año será diferente.

Nada de llorar... Nada de peleas.

No pedir perdón por cosas que no son culpa mía.

Alrededor del mediodía, Mateo me escribe.

Ven. Tengo una sorpresa para ti.

Me quedo mirando el mensaje durante mucho tiempo.

Una sorpresa.

Se me revuelve el estómago, pero lo ignoro. Quizá realmente planeó algo bonito. Quizá la tensión de ayer era solo estrés. 

Quizá hoy demuestre que importo.

Quizá hoy me sienta elegido.

Le respondí, vale.

El trayecto hasta su casa le parece más largo de lo habitual. Tengo las palmas sudorosas sobre el volante.

Ni siquiera sé por qué estoy nervioso.

Es mi novio.

Cuando llego, su coche está aparcado fuera.

La puerta principal está sin cerrar con llave.

Qué raro.

Entro despacio.

"¿Mateo?" Llamé.

No contesta.

La casa está en silencio.

Demasiado silencioso.

El aire se siente pesado. Se me aprieta el pecho.

Doy unos pasos más, y entonces lo oigo.

Risas... Suave al principio.

Entonces despeja... Una chica riendo.

Se me detiene el corazón, conozco esa risa.

Catalina.

Me empezaron a zumbar los oídos.

No. Hoy no. Por favor, no hoy.

Quizá simplemente pasó por aquí. Quizá estoy dándole demasiadas vueltas.

Camino hacia las escaleras. Cada paso se siente pesado... Mis piernas se sienten débiles, pero sigo adelante.

La risa vuelve a sonar.

Arriba... Desde su dormitorio.

Mi corazón late tan rápido que duele.

La puerta del dormitorio está entreabierta.

Solo un poco.

Me quedo allí, paralizado.

Si no miro, no es real.

¿Derecha?

Entonces empujo la puerta.

Y todo dentro de mí se rompe.

Mateo está en la cama... Con Catalina... No sentado... No hablar.

Como en la cama.

Las sábanas se retorcían a su alrededor. Piel tocándose. Catalina estaba encima de él, cabalgándole, y él gemía con cada fricción con los ojos cerrados.

No hay malentendidos.

Es exactamente lo que parece.

Por un segundo, todo queda en silencio. Ni siquiera puedo oír mi propia respiración.

Catalina gira la cabeza lentamente.

No parece sorprendida.

No intenta cubrirse.

Ella sonríe con suficiencia.

Mateo me mira.

Se detiene medio segundo.

Luego pone los ojos en blanco.

Como si yo fuera el problema.

"Dios mío", susurro.

Mi voz suena pequeña. No como yo.

"¿Esta es tu sorpresa?" Pregunto.

Se me quiebra la voz.

Catalina alcanza casualmente el móvil que está en la mesilla.

Al principio no me di cuenta.

Estoy demasiado ocupado intentando no venirme abajo.

Mateo suspira como si le hubiera interrumpido viendo la tele.

"¿Por qué estás aquí?" pregunta.

Le miro fijamente. "Me dijiste que viniera."

Se encoge de hombros. "No he dicho ahora."

Se me aprieta el pecho. "Me has mandado un mensaje."

"Siempre eres tan dramático", le responde bruscamente.

Eso duele más que verlos en la cama.

Dramático.

Como si estuviera loco.

Como si esto no fuera nada.

"¡Acabo de pillarte engañándome!" Grito.

Catalina se ríe detrás de él.

Fue entonces cuando lo vi, su móvil.

Señalándome a mí... Grabando.

 Se me cae el alma a los pies.

Están grabando esto.

Quieren verme romper.

"Supongo que no se suponía que te enteraras así", dice Catalina dulcemente.

Me siento mal.

Mateo se levanta despacio, como si estuviera aburrido.

"¿Y de quién es la culpa?" dice.

Parpadeo. "¿Qué?"

"Has estado distante."

"No he..."

"No estabas preparado para hacerlo conmigo. Tu virginidad es lo único que te importa."

Las palabras golpearon con fuerza.

"Iba a dártelo hoy", digo. "En mi cumpleaños dijiste que no tendrías sexo con nadie más cuando te lo diera."

Mi voz suena débil.

Se encoge de hombros. "Pero no me lo has dado, mira, estás inseguro. Estás paranoico. Es agotador."

Agotador.

Como si amarme fuera una carga.

"Confié en ti", susurro.

"No, no lo hiciste," dice. "Siempre eres sospechoso."

Catalina ajusta el teléfono.

Sigo grabando.

Sigue sonriendo.

Algo dentro de mí cambia.

Ya no es solo tristeza.

Es algo frío.

Agudo.

Mateo se acerca.

"Tienes que calmarte", dice suavemente. Fingiendo blando. "Te estás avergonzando."

Vergonzoso.

Están grabando mi desamor en mi cumpleaños.

Por un segundo, me veo como ellos me ven a mí.

La chica débil... El que llora.

La que le perdona mañana.

El que pide perdón.

Y de repente.

Ya no quiero ser ella.

Las lágrimas paran... Así, sin más.

Mi respiración se ralentiza.

Mis manos dejan de temblar.

Levanto la cabeza y le miro de verdad.

Frunce el ceño. "¿Valeria?"

Me siento claro.

Como si la niebla se me hubiera ido de la cabeza.

"No tienes derecho a culparme por tus decisiones", digo en voz baja.

Mi voz es firme.

Incluso me sorprende.

Catalina baja un poco el teléfono.

Esto no era lo que esperaba.

"No empieces a hacerte el duro", dice Mateo.

Miro la cama. Las sábanas. Catalina. La habitación donde una vez me dijo que me quería.

Luego le miro de nuevo.

"He terminado."

Se ríe. "¿Qué?"

"He terminado."

El silencio llena la habitación.

"Volverás", dice con confianza.

"No."

Esa palabra se siente fuerte.

"Te dejo."

La sonrisa de Catalina se desvanece un poco.

El rostro de Mateo se endurece.

"Estás exagerando."

"Quizá", digo. "Pero prefiero estar solo que sentirme así."

Por primera vez, no me disculpé.

No lo expliqué.

Me giro y camino hacia la puerta.

Cada paso se siente más ligero.

Como si algo pesado se me cayera de encima.

Al alcanzar el pomo, esa extraña sensación vuelve a recorrer mi pecho.

La misma sensación de anoche.

No miedo... No dolor, sino poder, en cierto modo.

Me atraviesa, caliente y rápido.

El aire se siente tenso por un segundo.

"La voz de Mateo se escucha detrás de mí." ¡Valeria!"

Me detengo pero no me doy la vuelta.

"No vas a ir a ningún sitio."

Se mueve rápido.

Su mano golpea la puerta antes de que pueda abrirla.

Se acerca demasiado.

"No puedes dejarme", dice en voz baja. Enfadado. "No eres nada sin mí."

Nada.

Durante mucho tiempo creí eso.

Pero ya no.

"¿De verdad crees eso?" Pregunto.

"Sí. ¿Quién más querría a ti?"

Esta vez, sus palabras no me rompen.

Me enfadan.

"No me posees", digo.

"Cuida tu tono."

"No."

Eso nos sorprende a los dos.

Sus ojos brillan.

Está perdiendo el control.

Me acerco en vez de retroceder.

"No soy nada", digo con firmeza. "Y no te necesito."

Por un segundo, las luces parpadean.

Solo una vez.

Catalina levanta la vista, confundida.

Mateo no se dio cuenta.

"Te arrepentirás de esto", dice.

Quizá.

Pero quedarse dolería más.

"Muévete." Le grité por primera vez.

Me mira, esperando a que me rompiera.

No lo sé.

Tras un largo segundo, se aparta.

Abro la puerta.

No me temblaban las manos.

Mis piernas no se sentían débiles.

Salgo sin mirar atrás.

Oigo a Catalina susurrar.

He oído la maldición de Mateo.

Sigo caminando.

Bajando las escaleras.

Por la puerta principal.

Cuando salgo fuera, el aire se siente diferente.

Guay... Sharp... Real.

Mi corazón late con fuerza.

Pero no por miedo.

De algo nuevo.

Es mi cumpleaños.

Y por primera vez en mucho tiempo,

Me siento libre.

No entendía del todo el poder que crecía dentro de mí.

No sabía que esto era solo el principio.

Pero sé una cosa.

No soy nada.

Y nunca volveré a Mateo.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP