Alessia estaba sola en el balcón del hotel, con vista al patio delantero. La música del salón de baile se escuchaba débilmente detrás de las puertas de cristal, mezclándose con las voces de los invitados que llegaban de vez en cuando.
Sus manos se aferraban con fuerza a la baranda del balcón, mientras mantenía la cabeza inclinada y las lágrimas seguían cayendo sin que pudiera contenerlas.
Había intentado secárselas varias veces, pero cuanto más trataba de dejar de llorar, más oprimido sentía el