Orión
Desperté varias horas después, ligeramente desorientado y fuera de mí. Tardé varios segundos en recordar lo que había pasado.
Y cuando lo hice, salté de la cama, con los músculos tensos y listos para atacar.
Por suerte, Pierce me observaba desde el otro extremo de la habitación y su voz me impidió pasar corriendo junto a la puerta como un loco.
"Tranquilo, no hay fuego por ninguna parte", dijo con calma, acercándose a mí con un vaso de agua. "Toma, pensé que tendrías sed".
La tenía, pero eso no impidió que las preguntas inundaran mi mente. "Gracias, pero ¿qué demonios pasó?". Me di la vuelta y poco a poco me di cuenta de que estaba de vuelta en mi ala de la mansión, más concretamente en mi dormitorio.
Lo último que recuerdo es intentar contactar con Pierce y que todo se oscureciera.
¿Me habrá drogado esa bruja?
¿Estaba consciente cuando llegué a la mansión?
¿Cómo llegué aquí? “Sé que tienes preguntas, pero antes de que salgas corriendo, con la espada encendida, quizá deberías es