CAPÍTULO 45

El micrófono se sentía fresco y firme en mi mano.

Mi corazón latía desbocado, tan fuerte que resonaba en mis oídos, pero mis pasos no vacilaron mientras caminaba hacia el centro del escenario.

Por primera vez en mucho tiempo… me sentía vista.

Cientos de ojos me seguían.

Los Alfas se inclinaban hacia adelante en sus asientos. Los ancianos me miraban fijamente, con expresiones congeladas por la sorpresa.

Todo el salón se quedó en silencio, excepto por el suave murmullo
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