Me obligué a ahuyentar los pensamientos sombríos y, por una vez, no quise pensar en Lucious ni en Clara.
En este momento, solo quería concentrarme en mi familia.
Mi mirada se desvió hacia Doris y mis hijos.
Una oleada de emociones me golpeó con fuerza. Durante meses, había temido que este momento jamás llegara.
Había temido perder a Doris y a mis bebés.
Había temido marcharme de ese hospital con nada más que dolor, pero, de alguna manera, la Diosa de la Luna había mostrado misericordia.
No veía