— ¿Olivia? — Diego se despertó en medio de la noche, con los movimientos de un cuerpo más pequeño, que se apretaba contra él. El niño encendió la lámpara a su lado, dirigiendo su atención a la niña, quien se movía de tal manera que parecía sentir algo. El Tigre no sabía si aquello era sólo un sueño inquieto o una de las pesadillas que siempre acompañaban al Omega.
Sentado en la cama, tomó a la menor entre sus brazos, acunándola, mientras esperaba a ver si pasaría o si tendría que despertarla. E