Mundo ficciónIniciar sesiónConocer a mi mate había sido la mejor de las distracciones.
Sin embargo, yo tenía una meta y en ella Alice no encajaba como mi Luna, así que el hecho de descubrir que ella era una mestiza sirvió a la perfección para rechazarla públicamente.
Odiaba a los mestizos porque representaban la impureza de nuestra raza.
Habíamos pasado por mucho y mantenernos sobre la tierra era prioridad, así que conservar la pureza era vital para no perdernos. Pero era difícil odiarla a ella, especialmente luego de haberla probado por completo.
Era tanto el regusto de ella que Dilon, mi lobo, me estaba aplicando la ley del hielo por alejarlo de su mate.
Le había prometido a Dilon que el rechazo no sería para toda la vida, que luego de usar a Circe en mis planes de conquista podría tener a su lobita. En ese momento estuve más interesado en dejar un precedente al respecto en mi manada para que la gente entendiera qué tan radical era con mis reglas.
Por eso comencé a cambiar ciertas reglas.
Tenía una meta y necesitaba que todos me sirvieran a la perfección.
—A partir de ahora todos los hombres de la Élite estarán a cargo de la seguridad, así como del entrenamiento y logística del personal militar —le dije a los guardianes y los susurros no se hicieron esperar—. Pueden aceptarlo o no, pero de no hacerlo, están en todo su derecho de salir de la Manada del Sur; aquí no queremos alborotadores. Soy el nuevo Alfa, así que mi palabra es ley.
—Sí, señor —dijeron todos de forma unísona, pero me di cuenta de sus expresiones.
—A mí no me interesa lo que hizo o no hizo mi padre. Yo soy diferente y no me dejo llevar por sentimentalismos. A partir de ahora las reglas son claras. Respeten a la Élite, cualquiera que incumpla las leyes va a tener que pagar por ello.
El cambio mínimo parecía que les estaba sacudiendo los cimientos.
—Deben cumplir, así como hacer cumplir las normas. Quien haga un buen papel de esto, tenga por seguro que será recompensado; de lo contrario, se va a enfrentar a graves consecuencias.
Nadie dijo nada, no había mucho por decir, así que se dispersaron.
—Señor, tengo noticias de la mestiza —murmuró uno de mis hombres en privado.
Me levanté y fui afuera con él para que nadie escuchara.
Alice se había convertido en mi secreto.
Por eso quería vigilar sus movimientos y el hecho de que yo no la haya exiliado era parte de todo. No la quería asociada a mí, pero no la quería lejos, así que iba a encontrar una manera de manipularla para que esperase por mí mientras se convertía en mi amante en las sombras.
—¿Qué pasa con ella?
—Ella no ha dormido en la cabaña de su familia, no ha estado ahí —dijo el hombre y me tensé—. Pero la ubiqué en casa de uno de los antiguos Betas de su padre. La hija de este hombre es su única amiga, por lo que la mestiza se ha refugiado ahí. Dicen que ha estado enferma como resultado del rechazo, pero esta mañana salió a buscar trabajo en los otros pueblos de los alrededores.
Asentí y supe lo que tenía que hacer para tenerla en la palma de mi mano.
—Bien, quiero que me lleves hasta ella, así que digamos que recorreré el área antes de la presentación oficial a toda la manada.
Con eso salimos del centro de entrenamiento y subimos al auto hasta que dimos con el pueblo más lejano donde se daba el cultivo. Era fácil entender por qué Alice quería alejarse; lo que no esperé fue verla caminar con un hombre que la miraba con anhelo.
—¿Quién demonios es ese bastardo? —pregunté mientras estudiaba sus movimientos.
—Es el hijo mayor del beta, hermano de la amiga de la mestiza. También es buen amigo de ella —dijo el mi soldado—. Algunos dicen que a él le gusta, pero nadie ha visto que haya hecho algún movimiento antes. Además, es uno de los últimos guardianes de perímetro que fueron anexados antes de que usted llegara. Se llama Teo.
La información se sintió como lava hirviendo.
Fue tanta que, al verlos abrazarse, no dudé en bajarme y acercarme. Cuando ella lo apretó con fuerza, perdí mi m****a y Dilon tomó el mando de mi cuerpo con rapidez. La bestia estaba celosa, así que los separé cuando tomé del cuello a Teo y lo lancé con furia.
—¡No, Stefan! —gritó Alice y la ignoré.
El imbécil de Teo se levantó con ganas de retarme y Dilon gruñó enseguida.
Mis garras salieron con facilidad; entonces él se acercó con un grito fúrico y, antes de que me tocase, lo desgarré con fuerza y lo tumbé al piso. Fue fácil para mí golpearlo y, cuando vi lo débil que era, me di cuenta de que su entrenamiento era una m****a.
—¡Déjalo! —gritó Alice cuando iba directo a terminar mi obra y de repente se metió en el medio—. Teo no ha hecho nada malo; por favor, por piedad, no lo mates.
Eso me hizo verla porque era inteligente, había olido mis intenciones y me di cuenta de que estaba llorando.
Su rostro estaba cargado de grandes ojeras; se veía triste y con el brillo apagado.
Dilon enseguida se comenzó a estresar al verla así, mientras yo quería golpearla para que aprendiera a no desafiarme jamás.
—Me retó, así que lo mínimo que merece es la muerte —espeté y ella me ignoró por completo, solo se acercó a Teo para intentar levantarlo, pero el imbécil estaba inconsciente—. Esta es una advertencia, Alice; si veo que alguien más se acerca a ti o te toca, lo voy a matar.
Lo quisiera o no, ella siempre sería mía, pero pareció no entenderlo.
Simplemente me miró con sorpresa, luego eso se transformó en odio puro y gruñó, lo que hizo que Dilon se alterase dentro de mí.
Estás alterando a Selene, no las amenaces, pidió Dilon, pero lo ignoré.
—Llévense a este tonto a su casa, formalmente ya no es parte de los guardianes —les dije a mis hombres.
Alice me vio con odio y luego se alejó tan rápido como pudo.
¡Ve tras ella o nos van a odiar por el resto de la vida!, gritó Dilon con desespero.
Negué y volví al auto, les pedí que me llevaran a casa, así que media hora después estuve subiendo las escaleras para ir a ducharme cuando conseguí a Circe en mi cama. Me esperaba desnuda con la intención de causar algún efecto en mí.
—Me dijeron que trabajaste mucho hoy, así que vine a premiarte.
—No estoy de humor hoy.
Ella se levantó con brío, se puso una bata de seda y negó.
—Voy a suponer que tu estado de ánimo es por la mestiza que rechazaste —dijo con molestia—. Espero que la ceremonia sea pronto, porque yo no soy tan paciente. Quiero la marca o mi padre se pondrá furioso.
Ella salió de prisa y dejé pasar su arrebato.
Juro por la Diosa que, si marcas a esa perra, jamás voy a salir ni voy a ayudarte, espetó Dilon y lo ignoré.
Me duché con rapidez, tomé una buena siesta, luego fui hasta mi estudio y ahí esperé noticias de Dalia, la hechicera con la que había hecho una fructífera alianza.
Puse el espejo y encendí las velas necesarias para llamarla. Ella se presentó enseguida; estaba tapada con un velo, pero su mirada de ojos rojos lo decía todo.
—Te quiero aquí para la fecha de Ascensión —le ordené de forma directa sin preámbulos—. Quiero que tengas listo el hechizo de contención y dominio.
—Iré, pero necesito que establezcas un permiso para poder cruzar las tierras y llegar en el mayor tiempo posible. Ahora mismo no soy popular en otras manadas —dijo y asentí.
—Te daré todo, hasta inmunidad. Y te haré una aliada y consejera formal de mi Consejo, pero quiero tenerte tan pronto como se pueda aquí. Hay mucho por hacer y limpiar antes de comenzar la campaña.
Cuando ella estaba a punto de decirme algo, sentí la señal de conexión que había formado con la Élite y uno de los hombres que estaba apostado en la frontera habló.
Señor, siento molestarlo, pero me dijeron que le informase en el momento en el que una mestiza intentara salir del territorio. Ella desea irse, pero la estamos reteniendo en la frontera Este mientras revisamos sus pertenencias, dijo, y me levanté enseguida.
—¿Qué sucede? —preguntó Dalia.
—Mi mate pretende irse.
—¿Tienes una mate? —preguntó Dalia con sorpresa—. Si es así, entonces la lectura que se te hizo es correcta. No dejes que se vaya; si es necesario, tienes que retenerla; será útil para el futuro.
Entendí perfectamente a lo que se refería, por eso no perdí tiempo y dejé que Dilon, que estaba desesperado, tomase el control y recorrimos todo el territorio hasta la frontera.
Al llegar, todos bajaron la cabeza con respeto; entonces uno de mis hombres me dio una muda de ropa y entré al recinto de control. Alice estaba ahí y fue fácil leer sus intenciones.
—Déjennos a solas.
Todos salieron y ella me vio con el ceño fruncido.
—¿Por qué estás aquí? —preguntó ella con cierto carácter y me di cuenta de que debía ser consecuencia de su loba, una que no me caía nada bien—. No hay razón alguna para tenerme retenida aquí; me rechazaste, no encajo en las nuevas reglas de la manada y es obvio que no tengo nada por hacer aquí, así que tengo que irme tan lejos como pueda de ti.
Sus palabras fueron un golpe a mi lado obsesivo y todas las fibras de mí se divirtieron por cómo le haría pagar el insulto.
—No te vas a ir, no lo voy a permitir, permanecerás donde yo te diga y como yo te diga —le dije en un tono de voz letal que ella ignoró de inmediato y se levantó a confrontarme.
—Me voy a ir porque estar cerca de ti es hacerme daño y yo no quiero eso —dijo ella con sinceridad.
—Vas a vivir resguardada, alejada de la interacción con la Manada y vas a hacer lo que yo te diga —le respondí con cuidado antes de tomarla de la nuca y acercarla a mí con brusquedad—. Eres mía y, mientras tanto, serás mi amante.
—No —espetó con horror y me alejó de un empujón.
Cuando me acerqué, ella me dio una bofetada.
La ira subió a mi cabeza y se la regresé con mucha fuerza.
—Vas a hacer lo que yo te ordeno porque soy tu dueño.
Ella me miró con sorpresa, entonces intentó correr y no la dejé.
Sin pensarlo mucho, la puse sobre mis rodillas y le di unos buenos azotes; luego la desnudé y la hice mía mientras gritaba de dolor. La iba a marcar con mi semilla y le iba a hacer entender que de mí no escapaba.
Luego la sedé y con mis hombres la llevé hasta las mazmorras que estaban debajo de la mansión. Ahí la encadené para que entendiera la lección.
Cuando se despertó, la miré a los ojos para que entendiera perfectamente lo que decía.
—Desde ahora eres mi esclava y vas a ser mi entretenimiento por el resto de tu vida.
La besé con furia y sentí las lágrimas saladas.
Ese momento en el que mi lobo decidió abandonarme, pero eso no importaba porque Dalia vendría y yo lo controlaría todo.
Comenzando y terminando por Alice.







