Alice
Tener esas interacciones con el Alfa se sentían bien, pero al mismo tiempo eran incorrectas.
Lo peor era que no sabía cómo se había dado cuenta de que ese día no había tomado nada del brebaje hasta que me lo hizo llegar y con una cuchara me lo intentó dar él mismo.
Aquello me avergonzó demasiado, más cuando Ángel entró a la oficina para hablar del presupuesto de unas nuevas cámaras que instalarían en el perímetro.
—No te voy a dejar tranquila hasta que te tomes el brebaje y, así como diji