CAPÍTULO XXXII

Las cosas no se hicieron más sencillas para Aston al abandonar el club. Tal vez un poco más de media docena de personas se subieron en una limusina y partieron a una locación desconocida. La marea de cuerpos indiscretos no se andaba con rodeos, apenas estuvieron dentro un par de mujeres quedaron desnudas de la cintura para arriba, sus pechos expuestos sirvieron de divertimento para los hombres y algunas mujeres que se dedicaron a prodigarle caricias y pellizcos.

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