No me cabía la menor duda de que estaba sentada en este restaurante de lujo tratando de no sentirme completamente fuera de lugar mientras Hebert estaba haciendo alarde de su poder, su riqueza y su influencia sobre mí, y eso me molestaba muchísimo. Odiaba aún más cómo era capaz de darle la vuelta a la tortilla y hacerme quedar como una imbécil. Hubiera preferido reunirme en su oficina o en una cafetería en lugar de tener que disfrazarme y parecer que pertenecía a la élite de San Diego. Ahora mis