Con un gesto decidido, Amanda abandonó la cocina y se dirigió hacia la sala principal. Los dos hombres se quedaron solos en la cocina, Tomás, intentando romper la tensión, extendió una bolsa blanca que traía en sus manos hacia Lyam.
—Son las medicinas de la señorita Rondón —informó con seriedad.
Lyam tomó la bolsa con rapidez y asintió agradecido.
—Me retiraré; que tengan buenas noches —dijo Tomás antes de dirigirse hacia la puerta.
Cuando Lyam regresó a la sala principal, se encontró con una i