Mundo ficciónIniciar sesiónMe doy la vuelta y encaro de frente al intimidante edificio. No sé cuanta gente trabajará ahí, pero debe de ser una barbaridad.
Trago saliva con dificultad y me obligo a subir las escaleras, aunque mis piernas no dejan de temblar como si de flanes se trataran. «No seas cobarde, Becca» me reprendo a mí misma. Me mezclo entre el gentío hasta que llego a la recepción, que es realmente enorme, decorada con un toque sobrio en colores bla







