7. Señora Volkov
Llevaba un rato despierta, pero no quería salir de la comodidad de la cama.
Alessia abrió los ojos lentamente, sintiendo el peso suave del brazo de Vladimir sobre su cintura. Por un momento se quedó ahí, contemplando el techo, consciente de que el mundo que conocía había cambiado para siempre. Ya no era Alessia Accardi. Era Alessia Volkov.
Vladimir aún dormía, o fingía hacerlo. Se veía distinto en ese estado de calma, sin la dureza típica en su mirada ni el porte intimidante de un CEO forjado