Empujo la puerta para cerrarla detrás de mí y, en ese momento, mis ojos revolotean por el gran salón delantero de nuestro piso. Un olor a quemado sale de la cocina del fondo y, a través del salón, me paro. Nada menos que mis dos personas favoritas del mundo, pero también los mierdecillas más malvados, están sentadas en la isla, en los taburetes de la barra, volcando una pinta.
—Hola, Ree —sonríe Robbie desde su posición junto a Skye. Ella se sienta en el borde de la barra junto a él, balanceand