—Hol- Becky, ¿qué ha pasado? —se apresura, y a estas alturas ya ha caído la primera lágrima y todo está borroso.
—Se ha ido. Mi abuelo, él...
—Oh, Dios —suspira, y entonces, se hace el silencio. Todo lo que llena el espacio a mi alrededor son mis mocos y el tic-tac del reloj en la pared a mi lado—. Lo siento mucho, amor. De verdad, no puedo imaginar cómo te sientes. ¿Seguro que no hay nada que pueda hacer para ayudar?
—No. . . pero gracias —respondo, mis labios tiemblan con cada palabra que di