Cuatro llamadas perdidas.
La pequeña alerta me devuelve la mirada mientras yo miro mi teléfono. Cuatro llamadas perdidas de mamá. Se me cae el pecho al pulsar el botón de bloqueo. Resoplando, lo vuelvo a meter en el bolso que cuelga de mi hombro. Cuando levanto la vista, veo mi reflejo en las brillantes puertas de metal. No miro mucho, porque Dios, odio lo que veo. Ojos oscuros y caídos, pelo castaño y este vestido violeta oscuro que sé que no debería haberme puesto. Parece estúpido.
Mi deprim