Mundo ficciónIniciar sesiónAna Carolina e João Victor são pais de duas crianças chamadas Maria Cláudia, de nove anos, e de Pedro Henrique de apenas sete anos, que residem em uma cidade chamada Além Paraíba, que se localiza na divisa entre os estados do Rio de Janeiro e de Minas Gerais. Devido às crianças terem entrado de férias na escola, a família se reuniu e decidiu fazer uma viagem, de modo que todos aproveitem ao máximo as próximas semanas que eles passarão todos juntos. Para isso, eles resolveram se hospedar em uma pousada localizada em uma cidade um pouco isolada, de modo que eles tivessem a tranqüilidade e respirasse o ar puro de uma cidade pequena, mas quando eles estão na estrada a caminho dessa cidade, a família sofre um acidente de carro que lhes obriga a mudar todo o planejamento. E por isso eles acabam tendo que passar os próximos dias em uma casa localizada em um pequeno vilarejo em meio às montanhas, mas o que eles não esperavam é que esse vilarejo esconde uma grande maldição, a qual é disfarçada pelos uivos dos lobos. Mas para que essa maldição não mate Ana Carolina e João Victor, eles se vêem obrigados a confessar segredos que eles sempre quiseram esquecer e acabam contando com uma ajuda tão especial que eles nunca imaginaram que fosse tão poderosa.
Leer más«Alchester es mi dios.»
Esto era lo que pensaba Galilea.
Mientras el resto de la manada encontraba motivos para señalarla, él había sido la única excepción. Desde siempre la trató con una amabilidad que nadie más le ofrecía.
Jamás se burló de su figura robusta ni del enorme lobo que habitaba en su interior, un espíritu tan corpulento que volvía su transformación más pesada. Aquello la había convertido en el blanco de las risas y los desprecios.
El día en que cumplió dieciséis años, cuando su loba maduró para reconocer el lazo, descubrió que Alchester era su compañero destinado.
Y aunque esperó el rechazo de su parte, eso nunca sucedió. Él aceptó que ella era su mate, pero lo mantuvieron en secreto.
Los años transcurrieron y Alchester siguió tratándola bien. Hasta que, siendo ya adultos, compartieron por primera vez una noche de intimidad.
Fue entonces cuando Alchester le sostuvo el rostro entre las manos y le hizo una promesa que Galilea grabó en el corazón.
—Eres mi compañera, nada cambiará eso. Cuando herede el puesto de Alfa, te presentaré ante todo el Clan como mi Luna. Nadie volverá a humillarte.
Ella le creyó, porque era el único que jamás la había mirado con desdén. A su lado imaginó un futuro distinto.
Sin embargo, la realidad terminó siendo mucho más cruel que cualquiera de sus temores.
La mañana en que Alchester asumió oficialmente el liderazgo del Clan Caerleon, convocó a toda la manada para un anuncio.
—Los he reunido para presentar a la loba que gobernará este Clan junto a mí. La futura Luna de Caerleon... es Tania.
Galilea escuchó aquella afirmación. No hubo confusión. No hubo duda. Solo la certeza de que cada promesa había sido una mentira.
Entre la multitud, Alchester encontró su mirada, y sonrió. No era una sonrisa avergonzada ni arrepentida, parecía la expresión de alguien completamente satisfecho con la herida que acababa de provocar.
Galilea abandonó el lugar antes de que las lágrimas la traicionaran frente a todos. Corrió hasta el pequeño cuarto que ocupaba como criada dentro del castillo y pasó el resto del día encerrada entre aquellas cuatro paredes.
Cuando cayó la noche, unos golpes rompieron la quietud. Al abrir la puerta, encontró a Alchester esperándola.
—¿Qué hace aquí, Alfa? —preguntó inclinando la cabeza, pero sin ocultar la amargura en su voz—. No imaginé que me buscaría después del anuncio de esta mañana.
Alchester cruzó el umbral y Galilea retrocedió por instinto. Él cerró la puerta y la observó en silencio durante unos segundos.
—¿De verdad creíste que alguien como tú podía convertirse en la Luna de este Clan?
Galilea alzó la vista. Sus ojos, hinchados por el llanto, aún conservaban el brillo de una esperanza que se negaba a extinguirse.
—Nunca soñé con ocupar un lugar tan importante —respondió con la voz quebrada—. Fue usted quien me hizo creer que era posible. Confié en sus palabras... porque somos mates.
Alchester soltó una risa y acortó la distancia entre ambos.
—Entonces ya comprendiste que jamás ocurrirá. Será mejor que destierres esa fantasía de una vez. ¿Cómo podría una loba con tu aspecto gobernar a mi lado? La Luna debe inspirar admiración y despertar respeto, Tania lo consigue sin siquiera proponérselo. Es hermosa, elegante, cualquiera queda cautivado por ella. Su sola presencia honra el puesto que ocupará.
Sus ojos la recorrieron de abajo para arriba.
—Tú, en cambio... No eres más que una vergüenza.
Aquellas palabras terminaron de fragmentar la frágil fortaleza que Galilea intentaba conservar y las lágrimas comenzaron a caer sin descanso.
No comprendía qué había ocurrido con el lycan que durante años la protegió del desprecio de los demás. Frente a ella ya no quedaba rastro de aquel Alchester. Solo permanecía un desconocido cuya crueldad parecía no tener límites.
—Si me despreciaba tanto, ¿por qué nunca me rechazó? —preguntó entre sollozos—. ¿Por qué me hizo tantas promesas? ¿Por qué me convenció de que algún día estaría a su lado?
—Porque desde el principio tenía un propósito contigo. Venganza.
El color abandonó el rostro de Galilea.
—¿Venganza...? No lo entiendo. ¿Qué placer le da burlarse así de mí? ¿Qué daño le he hecho?
Alchester le sujetó el cabello y la obligó a que levantara el rostro.
—¿Ya olvidaste quién fue tu madre? Ella fue la amante de mi padre —expuso—. Esa mujer lo engañó haciéndole creer que tú eras su hija. Mientras él la llenaba de privilegios y consentía todos tus caprichos, mi madre y yo fuimos quienes conocimos su peor lado. La vi consumirse día tras día... hasta perder la razón.
En realidad, Alchester no mentía. La madre de Galilea, Airi, se embarazó del que en ese entonces era el Alfa, Frederick. Le hizo creer que esperaba un hijo suyo.
Galilea nació siendo una cachorra regordeta, pero Frederick la adoraba de igual manera pues estaba loco de amor por Airi.
Pero Airi murió, la verdad salió a la luz. Galilea no era hija del Alfa Frederick.
Frederick, cegado por la humillación, la despojó de cualquier privilegio y la obligó a servir como criada dentro del castillo.
Desde entonces, Galilea creció escuchando los mismos insultos.
«Eres igual que tu madre.»
«La sangre de una zorra nunca cambia.»
«Si no fueras tan gorda, ya estarías seduciendo hombres como ella.»
Solo una persona había permanecido a su lado. Alchester. O eso creyó.
—Al menos no todo fue una pérdida de tiempo —agregó él—. Tú y yo la hemos pasado muy bien, al menos para eso sirves como mi mate.
Galilea sintió que el estómago se le revolvía.
—Eso es lo único que puedo ofrecerte —continuó él con frialdad—. Que ocupes el mismo lugar que tu madre siendo mi amante. Tan zorra como ella lo fue.
Quando os Lobos Uivam - Vanessa MatosCerca de alguns dias depois, eles estavam arrumando novamente as bagagens com destino a sua cidade, mas sempre se lembrando de que deveriam conseguir um carro novo, pois aquele estava no meio da floresta até o presente momento. E por isso, eles tiveram que entrar em contato com uma locadora de veículos, visto que o motorista da caminhonete até aquele dia não tinha os procurado. E depois de ligarem para a empresa, eles pediram para que eles levassem o carro até eles. E quando o veículo foi entregue, toda a família embarcou e dando partida no carro eles voltaram por aquela mesma estrada, e felizmente não escutaram mais o uivo de nenhum lobo.Quando todos chegaram em casa, na cidade de Além Paraíba, eles ainda tinham muito o que conversar, visto que tanto Ana Carolina quanto João Victor tinham escondido um do outro segredos que
Quando os Lobos Uivam - Vanessa MatosEssa declaração fez com que Ana Carolina e João Victor ficassem magoados, e caíssem em meios às lágrimas e aos soluços, os quais os impedia de falar, pois no fundo do coração de cada um, eles só queriam pedir perdão por terem cometido erros e por terem lembrado de momentos que Ana Carolina não queria se lembrar e que João Victor não queria saber.Depois de eles terem falado tudo o que estava na área mais profunda de seus corações, eles foram surpreendidos, pois os lobos que anteriormente estavam montando um círculo em volta deles tinham desaparecido de uma forma misteriosa e repentina, deixando apenas o lobo gigante, que os tinha obrigado a dizer os erros mais graves que eles tinham cometido ao longo de suas vidas.Ainda que Ana Carolina e João Victor estivessem v
Quando os Lobos Uivam - Vanessa MatosEnquanto Ana Carolina ficava inerte em frente àqueles lobos gigantes, João Victor continuava caminhando pela floresta sem destino, até o mesmo que ele também foi surpreendido por muitos lobos que vieram correndo em sua direção, de modo que dava a entender que eles estavam com muito ódio dele, e com o objetivo de matá-lo da forma mais brutal possível, fazendo com que ele gritasse e saísse correndo mesmo sem saber para onde ele estava indo.Enquanto João Victor corria, ele se deparou com a sua esposa e devido ao susto que ele levou por ter se encontrado com ela naquele local tão inóspito, ele tropeçou, perdeu o equilíbrio e caiu quase em cima dela, fazendo com que ela também se desequilibrasse. Mas no mesmo instante em que ele estava no chão, João Victor fez o possível par
Quando os Lobos Uivam - Vanessa MatosVendo Ana Carolina que o seu marido não tinha voltado e que também não tinha dado notícia para ela nem para os seus filhos, ela começou a se sentir amedrontada, pois a cada amanhecer, ela ouvia dizer que mais uma pessoa tinha sido morta por aqueles lobos que se aproximavam do vilarejo a fim de fazer algum tipo de maldade, cujo motivo ela ainda não tinha entendido, pois ela acreditava que o seu próprio marido era uma pessoa muito boa e que não merecia passar por nenhum sofrimento tão terrível quanto a que esses lobos estavam dispostos a provocar.Pensando em fazer o mesmo que ele fez, Ana Carolina começou a arrumar as suas coisas na bagagem, mas nesse momento os seus filhos saíram de dentro do quarto, desceram a escada e começaram a chorar, dizendo que ela não deveria sair daquela casa sem eles, pois eles
Último capítulo