68. No acepto
Sarah
Salí de la casa de los Reynolds con un nudo de rabia en la garganta. ¿Cómo podían simplemente aceptar a Ravenna y no prestarme la menor atención? Todo lo que hice, todas las manipulaciones y artimañas que diseñé, parecían haber sido en vano. Esa maldita loba del sur estaba consiguiendo todo lo que yo deseaba, mientras yo era dejada de lado como si fuera irrelevante.
Mientras caminaba por las calles, mi mente hervía con pensamientos de venganza y odio. No iba a dejar que Ravenna y Benjamin