273. Mi familia
Benjamin
Entramos al cuarto, listos para descansar, con una sensación de alivio y felicidad que no sentíamos desde hace mucho tiempo. Ravenna estaba radiante con Rubi en sus brazos; su sonrisa era como un faro iluminando nuestro hogar. Rubi, tranquila y satisfecha, estaba acurrucada contra el pecho de su madre, su lugar seguro y acogedor.
Habían pasado dos días desde que regresamos de México, y Ravenna prácticamente no había soltado a nuestra hija. Entendía su necesidad de estar cerca de Rubi,