POV DE NATHAN
Mi carrera matutina era mi santuario. Eran los únicos cuarenta y cinco minutos del día en los que el ruido de los mercados, las amenazas de los rivales y la carga del apellido Vane desaparecían ante el golpe rítmico de mis zapatillas sobre el pavimento.
Estaba ajustando mi reloj en el vestíbulo cuando apareció Elena.
—Voy contigo —anunció. Estaba vestida con ropa deportiva que parecía no haber visto nunca una gota de sudor.
La medí de pies a cabeza, con mi silencio cargado de jui