CAPITULO XXII

“Respira, lo estás haciendo muy bien mi conejita…” susurró contra su oído mientras empujaba lentamente dentro de su raja, acarició sus muslos suavemente y luego los apretó para sostenerla cuando ella se estremeció, dejó besos en su cuello para excitarla y hacerla relajarse, su peso aplastándola parcialmente sobre la cama para entrar más profundamente dentro de ella.

Sus uñas se clavaron en su espalda y su respiración se entrecortó mientras él la empujaba lentamente más profundamente. Gimió cont
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