El hermoso día había llegado a su final, y la noche había caído de nueva cuenta sobre Palermo. Joseph había ido a dejar a Isabella y a Ferdinand a su hogar, y el se sentía muy dichoso por todo lo que había acontecido en ese par de días.
Isabella había aceptado ser su novia, y él estaba más allá de la dicha por ello, aunque no terminaba de gustarle que viviera junto a su pequeño en aquel lugar tan expuesto. Había hecho un par de llamadas después de dejarlos, aun no era tiempo de pedirle a su mus