Capítulo 105

—¡Mira papi! ¡Es un perrito! —

Todas las luces de aquella mansión estaban ya apagadas, y tan solo podía apreciarse la penumbra en cada rincón del lugar.

—Cariño, no corras, vas a caerte —

Todos los sirvientes, como era habitual desde hacia varios años, se habían retirado a sus hogares; era una regla que no debía de haber nadie en aquella mansión después de las nueve de la noche.

—Tristán, Genoveva, es hora de regresar —

El ambiente siempre lúgubre, se sentía además demasiado triste, como si la
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