— ¿Qué carajo acaba de suceder? ¿Acaso el muy imbécil me acaba de rechazar? —me pregunto furiosa al verlo salir con rapidez de la posición en la que nos encontrábamos—. ¡Esto tiene que ser una broma de mal gusto! —exclamo luego de verlo desaparecer de mi vista.
Salgo molesta del elevador esperando captar al menos la dirección por la que se fue. Pero no, el muy maldito se fue como alma en pena, importándole muy poco haberme dejado con las ganas de tocar sus labios con los míos. Aunque no todo es