—¿Por qué hiciste eso? —Adam se volvió hacia mí en cuanto el señor Reynolds se fue y nos quedamos en el pasillo.
—Intentaba protegerte —dije.
—¿Acaso te dije que necesitaba que me salvaras? Apenas puedes salvarte a ti mismo.
Parecía furioso, lo entiendo, pero no iba a tolerar palabras hirientes de él.
—Así que no podías esperar a glorificarte ante él para que también te tuviera a ti. —Su tono tenía un matiz de burla.
Se me encogió el corazón al oír esas palabras—. ¿Qué quieres decir?
—¡Sabes a