El lunes por la mañana en la escuela se sentía diferente. El aire en el pasillo era denso y pesado. Desde que Aria se había ido de mi casa el domingo, la cabeza no dejaba de darme vueltas. No dejaba de ver su rostro, de escuchar su voz y de sentir la forma en que se movía. Estaba apoyado contra mi casillero, con los ojos clavados en la entrada. La estaba esperando. Necesitaba verla.
De repente, un cuerpo cálido se presionó contra el mío. Era Bella. Era una de las chicas más lindas de nuestro