Naiara
Sentía que me había quedado sin lágrimas para llorar. Había estado en mi cama por tanto tiempo, con los ojos abiertos y las lágrimas secas en mis mejillas. Entraba y salían personas, Ónix se había ubicado a mi lado y no se había bajado.
La oscuridad que había afuera era la misma que estaba en mi corazón, a veces era consciente de que salía la luna, pero ni salía a verla, estaba hundida en mi cama, perdida en mi tristeza. Ni siquiera la presencia tranquila y observadora de mi caballero,