La mañana caía lluviosa y fría en la concurrida Italia, ocasionando que las personas esperaran en los locales que las gotas cesaran. En la universidad, el ambiente no se encontraba demasiado diferente.
Los salones de clase estaban vacíos, y los corredores permanecían siendo reinados por la brisa gélida que encerraba al lugar. Aquel día las inasistencias habían sido terroríficas, y más de una persona había abandonado el establecimiento a las primeras dos horas de clase, cuando la neblina bajó y